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jueves, 14 de marzo de 2013
martes, 22 de mayo de 2012
Mi Paso por Argentina en Imágenes
Con esta selección fotográfica quiero rendir un pequeño homenaje a la que es mi segunda patria, Argentina; mi segunda casa, Buenos Aires; y mi primer refugio si algún día tengo que volver a emigrar de mi Gijón del alma. Pero, sobre todo, quiero rendir un homenaje a todas aquellas personas que, en mayor o menor medida, han compartido momentos a mi lado al otro lado del Atlántico y que me acogieron con los brazos abiertos... y cuando digo todas, digo todas, al margen de posteriores rutas divergentes en la vida de cada una de ellas. Sería imposible nombrar a todas, así que sólo nombro a aquellas personas que aparecen a las fotos. Y para no ser injusto con nadie, os nombro alfabéticamente.
Un fuerte abrazo a Adrián
Acevedo, Alejandro Netto, Alicia Gutiérrez, Ana Belén Díez, Ana Paola García, Andrés
Colasanti, Beni, Camilo, Carlos Herrera, Carlos Ortiz, Carolina Trujillo,
Chechu Castro, Claudio Bonomo, Cristina González, David Benito, Davide Scaramuzzino,
Diana Andaluz, Diego Lentini, Ezequiel Barrios, Federico Villa, Fernando “Pino”
Solanas, Francisco Llambrich, Gabriel Kloker, Gabriel Medina, Gastón, Giada
Fernández, Gusti Moses, Humberto Tumini, Javier Giménez, Javier Marco, Jorge
Morales, José Alberto Santín, Mamela Fiallo, Marcelo Gerpe, Mariel, Mariel de
Subinas, Marta Valencia, Matteo Mercuri, Maxi Kronenberg, Maxi Papa Maidana, May Fernández, Merce
Nolla, Mike, Natxo Ruiz, Nebek Adur, Pablo, Paca Sarabia, Priscila Tarzia, Rodrigo
Crocco, Rodrigo Ochoa, Rodrigo Quintana, Rolo de Subinas, Salva Dorado, Silvina
Pierantoni, Sole, Soledad López, Teresa Cabezón, Vanesa Rodríguez, Virginia
Cartes... y a todas aquellas personas que allí tuve el placer de conocer y que jamás olvidaré!!!
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jueves, 28 de julio de 2011
Reflexiones a Bote Pronto: Yo Soy Semanero
Todo aquel que me conoce sabe que hasta hace unos meses residí en Buenos Aires. Muchas de las personas que allí conocí lo primero que me preguntaban al saber mi nacionalidad, como seguramente le suceda a todo español que llegue a la capital argentina, era si provenía de Madrid o Barcelona o Sevilla o Bilbao, etc… Tras unos cuantos infructuosos intentos tenía que ser yo el que orgulloso, aunque un tanto contrariado por el constante desacierto, señalaba “de Gijón”. En ese momento, la grandísima mayoría de mis interlocutores fruncían el entrecejo, miraban hacia el cielo y se tocaban la barbilla. Tras unos segundos de, hasta cierto punto, angustiosa espera, se solía suceder alguno de estos comentarios… “Ah sí, de ahí es donde vienen esos exquisitos turrones ¿verdad?”… ¡no se imaginan mi cara de desesperación! En el caso de los muy, muy, muy futboleros, que en Argentina abundan, acertadamente recordaban al equipo de mis amores, a mi Sporting, pero no tan a menudo como se pueden imaginar. Incluso uno de estos futboleros, un hincha de San Lorenzo de Almagro, con una gran sonrisa en su cara me dijo… “yo estuve en Gijón, tengo una foto en la playa del club del que soy hincha, ¡en la playa de San Lorenzo!”. El caso más curioso fue el de un ya longevo escritor, con el cual pude compartir una de las “Mesas de los Miércoles” del escribano Scarzo, que me señaló que en Gijón tiene un puerto… se trataba del Dr. Enrique Mussel.
Este anecdotario introductorio viene a cuenta del otro aspecto que en Argentina vinculan con Gijón. En este caso se refiere a un par de devoradores de novelas negras que pude conocer por allá, los cuales se refirieron a la Semana Negra, de manera casi reverencial, al conocer mi lugar de nacimiento. Incluso uno de ellos poco después publicaría su primera novela policiaca, interrogándome sobre cómo podría hacer para presentarse al certamen gijonés.
En definitiva, nuestro Gijón del alma transciende por confusión con Jijona, por alguna que otra coincidencia nominal, por el Sporting y por la Semana Negra. No pretendo hacer de esto una verdad estadística, únicamente es mi experiencia personal, pero como experiencia personal debe contar a la hora de establecer la verdad de un estudio científico. A partir de aquí, debemos reflexionar sobre el debate abierto en torno a la Semana Negra.
La histórica polémica que hay en la ciudad al respecto de la Semana Negra es un absurdo, únicamente alimentado por la cortedad de miras de una rancia derecha política local. Su obsesivo interés en vincularlo con la izquierda sólo es entendible porque fue una administración del Partido Socialista quien la impulsó y desarrolló durante casi un cuarto de siglo. Pero ahora son ellos, la derecha más tradicional, los que tienen la oportunidad de seguir haciéndola crecer e incluso obtener réditos políticos si demuestran buen hacer. Es más, deberían ser conscientes que ese estúpido marchamo de “nido de rojos” que tiene la Semana Negra no pasa, a lo sumo, de sonrosaditos. Eso sí, ese cierto aire de libertad que se respira en el recinto da pie a que algunos rojos nos colemos de vez en cuando. Pero el problema hoy para los conservadores gijoneses es que su histórica cruzada “antisemanera” les pesa en el equipaje.
Su oposición ha sido bandera bajo la cual han intentado defender los intereses de los nuevos ricos locales que, como nuevos ricos, no ven la hora de despegarse de la sucia plebe que, en su imaginario colectivo, perciben con olor a bocadillo de calamares fritos y cubalibre en vaso de plástico. Porque más que nuevos ricos, lo que verdaderamente son es poseedores de la conciencia de serlo, pero su billetera no les da para separarse suficientemente de la plebe, como si son capaces de hacer los verdaderos plutócratas, ya sean nuevos o viejos. Los históricos denunciantes de las incomodidades “semaneras” me recuerdan a los que ahora denuncian incomodidades en Chueca, un barrio prácticamente ruinoso que se ha convertido en referente mundial única y exclusivamente gracias al movimiento gay. Ahora, algunos, pretenden recortar las celebraciones de un movimiento que ha elevado enormemente el valor de mercado de los inmuebles de la zona. Pero de esto nadie se acuerda, como tampoco se acordarán sus homónimos gijoneses de las incomodidades medioambientales que generaba en la ciudad la actividad industrial de la que muy posiblemente se hayan beneficiado a partir de su desmantelamiento.
Y el absurdo continúa, porque el interés que despierta en otras ciudades da cuenta de su potencial. Que ciudades de la talla de Barcelona o Milán sueñen con acoger el festival, como publica un diario de ámbito estatal, debería poner sobre aviso a las autoridades para hacer uso de su derecho preferencial como sede continua desde su nacimiento, porque si se trata de competir económicamente la batalla está perdida.
Además de una seria reflexión sobre la oferta cultural de la ciudad que, como todo, es mejorable, también habría que reflexionar sobre la economía real y concreta de la ciudad. Se critica la proliferación incesante de chiringuitos que hay en la Semana Negra, convirtiéndose en uno de los aspectos que más atrae al público… ¿y qué? Si esta es una manera de acercar al público en general a la cultura, ¿tiene algo de malo? Porque cultura es novela negra, pero no sólo novela negra. También lo son los múltiples conciertos, las constantes charlas y debates, exposiciones y demás. Pero, incluso, si tampoco les acercara a la cultura, insisto, ¿qué tendría de malo?
Llegados a este punto, los nuevos poseedores del bastón de mando local ¿conocen la realidad económica de Gijón? Más antigua que la propia Semana Negra es la desindustrialización de Asturias. A su vez, los falsos mitos del certamen gijonés compiten con el más falso de los mitos que ha vivido esta región… la reconversión industrial. Su ausencia ha hecho que la única alternativa económica que se ha dado a esta ciudad sea el turismo. Un turismo que ni vive ni vivirá jamás del sol y la playa. Vive de la gastronomía, de las barras de bar y de las noches interminables. Con todos los inconvenientes que, sin duda, trae, hoy por hoy es el único sector económico con cierto dinamismo en la ciudad. La Semana Negra es parte de ese dinamismo, al igual que la libertad de horarios nocturnos de los pubs que atraen a jóvenes de todo el norte de España, dejándonos sus buenos euros en bares, restaurantes y hoteles. ¿Será la alcaldesa Moriyón la que lo boicotee en plena crisis económica?
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sábado, 9 de julio de 2011
Reflexiones a Bote Pronto: Elecciones Porteñas: Una Cuestión de Imagen
Mañana hay elecciones a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Una convocatoria cuyos resultados habrá que estudiar detenidamente para intentar ver su proyección en las presidenciales de fin de año. El actual Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, una vez descabalgado de la carrera presidencial por un escandaloso ejercicio de inoperancia política, intentará retener el cargo. El alcalde (como decimos en España) de Buenos Aires ha tenido una gestión que podemos resumir así:
-Despido de empleados públicos.
-Estudio de la bicisenda.
-Designación como jefe de policía de un represor asesino.
-Proyección de la bicisenda.
-Desalojos violentos de los que menos tienen.
-Explicación de la bicisenda.
-Entorpecimiento de leyes de reparación a las víctimas de la dictadura.
-Presupuesto de la bicisenda.
-Reducción de becas para estudiantes.
-Licitación de la bicisenda.
-Espionaje a ciudadanos.
-Construcción de la bicisenda.
-Múltiples acusaciones de corrupción.
-Inauguración de la bicisenda.
-Subejecución presupuestaria en salud, educación, vivienda, transportes y desarrollo social.
-Promoción de la bicisenda.
-Discurso xenófobo.
-Ampliación de la bicisenda.
-Aumento de la represión frente a la protesta social.
-Alabanza de la bicisenda.
Sería lógico esperar que su futura gestión transcurra por la misma (bici) senda. Así todo, por si alguien aún tiene alguna duda y, sobre todo, para ilustrar al lector no argentino, una imagen, a veces, vale más que mil palabras. Hay una persona en cuya compañía, nuestro amigo Mauricio, disfruta enormemente dejándose ver en público. Muy significativo…
Ahora, amigos porteños, con esta imagen en su cabeza, vayan a votar y que Doña Democracia les agarre confesados.
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jueves, 2 de junio de 2011
La Noche que Crucé la General Paz
Hoy inserto un artículo que tenía perdido. Lo escribí en el aeropuerto de Barajas el 30 de Noviembre de 2010, tras volar desde Buenos Aires y mientras esperaba mi vuelo hacia Asturias. Acababa de poner fin a una estancia de año y medio en la capital argentina. El sopor de la larga espera lo ocupé respondiendo a un pedido de un amigo que “no es porteño”. Después, el artículo se perdió en las entrañas de mi ordenador y en mi memoria y hoy, por pura casualidad, ha vuelto a aparecer. En el pongo la mirada sobre una frontera social que, aún siendo porosa, permeable e inexacta (ya que hay islas clasistamente bien diferenciadas a uno y otro lado), no deja de operar a nivel social, económico e, incluso, jurídico. De hecho, según un reciente estudio, a un lado la pobreza llega a ser 5 veces mayor que al otro. Se lo quiero dedicar a Pri y Ale que me aguantaron, comprendieron y animaron al otro lado del planeta... este asturiano (que no gallego) cumple!!!
LA NOCHE QUE CRUCÉ LA GENERAL PAZ
Allá por el año 1989 cayó lo que durante décadas fue el símbolo de la guerra fría y que entre otros muchos nombres recibió el de “Muro de la Vergüenza”. Vergüenza porque evidenciaba la incapacidad del ser humano de superar sus diferencias, poco tiempo después de que un enemigo atroz nos uniera ante la posibilidad de un destino fatal.
Durante más de cuatro décadas, ese muro fijó nuestra atención y tras su caída descubrimos que otros muchos muros se levantan en el planeta, casi siempre bastante más vergonzosos que el famoso berlinés. Porque, en definitiva, el muro teutón era producto del desencuentro de gobiernos y sistemas antagónicos. Pero los que descubrimos a partir de entonces no se elevaban por un gobierno contra otro, sino por un gobierno contra un pueblo ajeno. Así descubrimos los muy vergonzosos casos de Gaza o de la frontera yanqui-mexicana. Y con fines muy parecidos, aunque con una concreción menos física que los anteriores, encontramos el que el acuerdo Schengen levanta en la Unión Europea contra el resto de la humanidad.
Por razones que no vienen al caso, durante casi año y medio he residido en un país sudamericano dónde jamás supe, o ni siquiera hubiera imaginado, que existiera otro “muro de la vergüenza”. En este caso es permeable, a diario cientos de miles de personas lo atraviesan en ambas direcciones, pero de manera muy significativa el nacer a un lado u otro marca tu destino. A un lado se sitúa el poder político y económico de toda una nación donde conviven la alta burguesía junto con los sectores más favorecidos de la clase trabajadora y la pequeña burguesía, ambas dos venidas a menos. Pero un pasado reciente resplandeciente (que no dorado, ya que tras tanto brillo había una mentira y no oro) configuró una arraigadísima mentalidad medioclasista que perdura en gran parte de la población a pesar de su decadencia. Una mentalidad que no pretende más que, por un puñado de pesos, separarse de las masas trabajadoras para ponerse sobre ellas, adoptando muy habitualmente posiciones francamente reaccionarias.
Al otro lado, el vasto pueblo trabajador y el lumpen que por desgracia abunda como en cualquier país de Sudamérica. Inseguridad, corrupción policial y clientelismo político alimentado a diario para seguir profundizando los cimientos de un muro muy real, por muy permeable que sea. De hecho, sí existe un artificio que define sus límites en forma de amplia avenida y que, por ejemplo, nunca pudo ser traspasado por el extrañamente abanderado de las clases populares de este país. El aclamado teniente coronel nunca obtuvo una victoria intramuros.
A estas alturas calculo que cualquier lector mínimamente avezado ya habrá descubierto de que muro estoy hablando. Y a los miles de turistas que visitan esta bella capital latinoamericana, les invitaría a visitar la otra parte, ya que para conocer un país realmente hay que ir más allá de los tours programados. Y es que el conocimiento es tan válido y necesario cuando es bello como cuando no. Y no me mal interpreten, la belleza exterior en este caso está intramuros, pero la interior está del otro lado. Cada uno que elija, yo ya lo he hecho hace muchos años, y confieso que por una cuestión puramente ideológica.
En la práctica, este caso lo descubrí una noche en la cual, tras más de un año intramuros, un grupo de amigos me llevó al otro lado y, entre cervezas, asado, “inciensos” y caras de póker, me hicieron entender que separa a un porteño tipo de una persona de provincia tipo. Que nadie se sienta ofendido, ni mis amigos porteños ni los de provincia, estoy generalizando. Y como argentino que me siento, habiendo residido en los porteñísimos barrios de Caballito y Balvanera, no puedo decir otra cosa mas que soy un porteño más, aunque no un porteño tipo. De la misma manera que soy un español más, pero no un español tipo. Y ahora, en tránsito hacia mi ciudad natal en el aeropuerto de Barajas, mientras espero que llegue mi hora de embarque, este es mi pequeño y seguramente inexacto homenaje. A ellos va dedicado este artículo, a ellos que me lo solicitaron y que seguramente no era esto lo que esperaban.
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