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viernes, 27 de abril de 2012

Rajoy y Otras Penurias

    Hoy reproduzco en Escritos Irrelevantes el artículo publicado el día 23 en el diario argentino Página 12 y firmado por el Doctor en Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla Raúl Dorra. En él, el escritor argentino afincado en México, tiene la gentileza de citar mi artículo "La Españolidad de Repsol", publicado en Observador Global el día 18. Desde aquí quiero enviarle mi agradecimiento.


    Cosas veredes. Mariano Rajoy, hombre tan representativo de la obstinación franquista, no ahorró insolencias ni amenazantes baladronadas dirigidas, más que al gobierno argentino, a aquellos que se sientan inclinados a reproducir su gesto de soberanía. De acuerdo con su modo de percibir los valores, se es tan denodado patriota cuando se defiende el interés de una empresa transnacional como cuando se decreta una draconiana medida de ajuste. En esta misma lógica, el hecho de que su rey distraiga momentáneamente la aflicción que le causa el empobrecimiento de los españoles en una cacería de elefantes, de ningún modo mancilla su grandeza, ni disminuye su calidad de máximo embajador y primer defensor de las causas hispanoamericanas ante el mundo. Con una filosofía aun más depurada, Felipe Calderón entiende que recuperar para un país la soberanía de sus recursos energéticos es un acto irracional y anacrónico. Lo que está en consonancia con el mundo actual, según su leal entender, es entregar la economía del país a la voracidad de las megaempresas, y lo racional es ponerse al frente de una guerra que no ha hecho sino fortalecer al enemigo en una siembra de muerte y desolación sin término durante el transcurso de la cual, como lo ha declarado él mismo, el crimen organizado fue duplicando, y a veces reemplazando, las funciones del Estado. Esto, por añadidura, en un país que celebra como una gran fiesta cívica cada aniversario de la nacionalización del petróleo decretada por el general Lázaro Cárdenas en 1938, impulsando una medida más radical que la hoy tomada por Cristina Fernández de Kirchner. Sin duda por esa afinidad intelectual, el gobierno español ha hecho pública la iniciativa de pedirle a Felipe Calderón que sea mediador en el conflicto creado entre España y la Argentina, habida cuenta de las buenas relaciones que el presidente de México mantendría con las autoridades de ambos países. En esta increíble lógica, nada obsta para que alguien actúe como si se hubiera mantenido en una posición equidistante de aquel a quien ha otorgado toda la razón y de aquella de la que ha dicho que no está “en sus cinco sentidos”. Cosas veredes. 

    Tristemente, el gobierno de México, que históricamente ha exigido respeto para su autodeterminación soberana, ha invadido irrespetuosa e ilegalmente la soberanía de otro país, invadiendo en el mismo acto la propia Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. Se ha sumado a la campaña de descalificaciones mediáticas emprendida por los campeones del neoliberalismo y por los organismos defensores de un sistema que, en casos como éste, defiende la expoliación –a la que parece tener derecho por naturaleza– con el agravio destemplado y con el recurso a la ceguera. Pero esta desmesura verbal, que pretende invisibilizar lo evidente, no es sino el síntoma de un desequilibrio que avanza sobre una Europa que, con los hechos, insiste en afirmar que el mejor, quizás el único, modo de salvarse de una enfermedad –entiéndase economía de mercado– es persistir y aun ahondar en aquello que la provoca. De más en más, Europa es una zona de riesgo. Tristemente, el gobierno de México parece no estar en condiciones de entender, con menos aspavientos, que la decisión tomada por el gobierno argentino está en el camino que economistas de justo renombre recomiendan: para enfrentar las actuales crisis y sobre todo para prever las que puedan sobrevenir, lo adecuado es asegurar la suficiencia alimentaria y los recursos energéticos, fomentar el gasto interno y la distribución social del ingreso, lo cual supone alejarse de la economía sin patria (y sin madre) del mercado. A los que no somos economistas y no estamos, por lo tanto, en condiciones de exponer los fundamentos de esta recomendación, nos basta con observar la desesperación de ciudadanos de Italia o de Grecia que, hundidos en la humillación y la miseria, han llegado hasta el suicidio porque sus respectivos gobiernos optaron, o se vieron obligados a optar, por esta vía tan recomendada por organismos como el Fondo Monetario Internacional. 

    En estas circunstancias, la prensa española, aun la que se dice de inspiración socialista como el diario El País, y la prensa de la derecha en general, ha recurrido a la diatriba fácil, a la siembra del miedo, ha preferido no pensar o no dejar pensar. Con otra disposición mental y moral, ciudadanos españoles que ven las cosas sin intereses creados y en consecuencia apuestan por el pensamiento han explicado que Repsol es una empresa privada en la que los capitales españoles son en realidad menos cuantiosos que los extranjeros, una empresa que cuenta con filiales en los llamados paraísos fiscales y que paga impuestos en España por una cantidad menor a la cuarta parte de los beneficios económicos que obtiene por sus negocios en todo el mundo. Esto último lo he leído en una nota que expone con detalle qué es lo que hay en el debe y en el haber de Repsol, una nota que firma David Posada Menéndez. Desde luego, yo no estoy en condiciones de corroborar la veracidad de estas cifras. Sin embargo, conociendo los privilegios fiscales que exigen y que obtienen las empresas transnacionales –sin contar las innumerables triquiñuelas a las que recurren sus contadores avezados en la evasión de impuestos–, nada me cuesta pensar que estoy ante un dato del todo verosímil. 

    Especialistas en el saqueo, las grandes empresas nunca pierden, puesto que aseguran sus ganancias en la primera movida. Entre quienes garantizan este saqueo se cuentan sus ejércitos de abogados y la prensa comprada o interesada en mantener este estado de cosas. Como si se tratara de una ley universal que vale para individuos tanto como para corporaciones, el que más tiene es el que con más furia se queja cuando alguien intenta disminuir, así sea mínimamente, sus poderosos ingresos. Un tímido suponer: si a los bancos españoles asentados en México –enriquecidos escandalosamente con tasas usurarias– el gobierno de este país quisiera expropiarles un 10 por ciento de sus ganancias, sus gritos atravesarían el océano para que la voz de Rajoy venga a socorrerlos. Y sin embargo, con un 10 por ciento menos, los bancos seguirían ganando en exceso. Un suponer más audaz: si el gobierno les expropiara el 50 por ciento de sus ganancias, todavía invertir en México sería para ellos un buen negocio. Y, en la más increíble de las suposiciones, si el gobierno les expropiara todas sus ganancias, y ellos conservaran la calma, podrían reconocer que ya han ganado tanto que sus inversores no sólo se retirarían de este país con las arcas llenas y que las ganancias obtenidas en estos años alegres alcanzaría para una holgura tan dilatada que se extendería a sus hijos y aun a los hijos de sus hijos. El mío es un razonamiento doméstico, claro está, el razonamiento de alguien que no entiende que la acumulación sin sentido de riquezas (digo bien: sin sentido, sin otra orientación que no sea la de su propia gravedad) es una pasión irrenunciable como es la pasión, igualmente voraz y sin sentido, del jugador. Una pasión que se aviva con la miseria de los otros, que más crece mientras más hace crecer la pobreza. Ser pobre, ya se sabe, cuesta caro. 

    Pero a este razonamiento casero yo le agregaría otro, de la misma modesta calidad. O, más que un razonamiento, una pregunta. Según estos terroristas de las finanzas, si la Argentina se sale con la suya, quedan en peligro todas las economías emergentes, puesto que las grandes empresas, espantadas por la falta de “seguridad jurídica”, se irían con sus euros a otra parte. La pregunta es ésta: ¿a dónde invertirían esas empresas acostumbradas a obtener ganancias que sólo pueden ofrecerles países de economías emergentes? ¿Pondrían sus capitales en Suiza o en Finlandia, donde la –todo hace suponer– probada “seguridad jurídica” les aseguraría que lo que ganan aquí en un año allá lo ganarían en cinco o acaso en diez? Pero no, esos gobiernos tampoco dan la “seguridad jurídica” tras la cual ellas van: ellas van tras un cómodo contrato que comprometa a los gobiernos, pero que ellas puedan violar sin mayores consecuencias o molestias.

jueves, 19 de abril de 2012

La Españolidad de Repsol

La expropiación de YPF por parte del Gobierno argentino ha abierto un grave conflicto diplomático con España. El Ejecutivo de Mariano Rajoy ha considerado la medida como un “gesto de hostilidad” contra su país. Pero, ¿hasta dónde puede decirse que los intereses de Repsol coinciden con los de España?


La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de expropiar el 51% del accionariado de YPF, filial argentina de Repsol, ha encolerizado al Gobierno español. Éste, alineándose incondicionalmente en defensa de los intereses de la petrolera, ha interpretado la decisión como un ataque a España y a los españoles. Pero cabría preguntarse, ¿cuánto realmente pueden verse afectados los ciudadanos españoles por tan importante decisión?

Repsol es una compañía creada en 1986 por la unión de varias empresas de titularidad pública, dedicadas a diferentes actividades relacionadas con el petróleo y el gas. El objetivo de tal fusión queda evidenciado en 1989 cuando el Gobierno del socialista Felipe González comienza el proceso de privatización, que culminará en 1997 bajo la Presidencia del conservador José María Aznar. Desde entonces, el control de la compañía está totalmente en manos privadas.

Hoy por hoy, el accionariado de Repsol, tal y como la propia compañía publica en su página web, tiene una composición en la que los capitales españoles ni siquiera son la mayoría. Ciertamente, las participaciones más significativas están en manos de las españolas Caixabank (12,83%) y Sacyr Vallehermoso (10,01%), además de un 9,9% en poder de fondos de inversión españoles y un 10,8% en manos de accionistas españoles minoritarios. El resto del accionariado se lo reparten la mexicana PEMEX (9,49%) y, especialmente, fondos de inversión extranjeros (42%). El 5% restante sería un paquete accionarial en autocartera. Así las cosas, únicamente un 43,54% del capital actual de Repsol sería de nacionalidad española y solamente un 10,8% estaría controlado por pequeños inversores del país.

Si investigamos la aportación de la empresa al Estado español vía impuestos, tampoco parece que ésta haga un especial ejercicio de solidaridad con sus compatriotas. Según publica en su blog el economista y diputado español Alberto Garzón, Repsol paga impuestos en España por menos de una cuarta parte de los beneficios que obtiene en todo el mundo. Esto supondría que en 2010 el Estado debería haber ingresado 1060 millones de euros pero, gracias a diferentes deducciones fiscales, Repsol únicamente aportó a las arcas públicas 949 millones sobre una base imponible de 3534 millones de euros. Esto significa que, en vez de aplicársele un tipo impositivo del 30% al que está sujeta, el tipo efectivamente aplicado a la petrolera fue del 26’86%.

Pero aún más grave es el hecho de que Repsol sea la segunda empresa española con más presencia en paraísos fiscales, según ha denunciado la ONG Intermón-Oxfam. Actualmente, la petrolera contaría con 13 filiales en paraísos fiscales, 12 de ellas en las Islas Caimán, aunque la compañía únicamente reconoce su presencia en Liberia. De ahí las fuertes sospechas sobre declaraciones de beneficios artificialmente adelgazadas en determinados países, que serían compensadas en filiales de otros con fiscalidades más benevolentes.

GOBIERNO Y PRENSA ESPAÑOLES REACCIONAN AL UNÍSONO

A pesar de este déficit de españolidad, la reacción del Ejecutivo de Mariano Rajoy entra dentro de la lógica de su acción de gobierno. En la composición accionarial de Repsol hay una importante presencia de Caixabank y Sacyr Vallehermoso, dos de las empresas que determinan el índice bursátil español IBEX35, compuesto por las 35 empresas más importantes del país. No es de extrañar que un gobierno cuya política económica parece venir determinada por los mercados, especialmente por la banca alemana, venga a considerar una afrenta a los intereses nacionales una decisión de un gobierno extranjero que, indudablemente, afecta a los intereses de grupos empresariales tan poderosos.

Así, el lunes, pocas horas después del anuncio de Cristina Fernández, los Ministros de Exteriores y de Industria, José Manuel García-Margallo y José Manuel Soria, anunciaron que el Gobierno español tomará medidas “claras y contundentes” frente a la expropiación de YPF. Sorprendió la relativa tranquilidad de la comparecencia, en la que no se anunció ninguna medida concreta, lo que contrasta con las duras declaraciones de la semana pasada que aseguraban que “Argentina se va a convertir en un apestado internacional”. A pesar de ello, esta misma mañana, Soria reincidió en el tono belicista. “España no puede quedarse de brazos cruzados cuando hay una hostilidad contra una empresa española”, declaró en una entrevista en la televisión pública, a la vez que siguió sin concretar las medidas que adoptará el Ejecutivo español.

Ayer, en el Foro Económico Mundial sobre América Latina que se celebra en México, Mariano Rajoy también incidió en el discurso de la afrenta. Esta es una decisión que “rompe el buen entendimiento que siempre ha presidido las relaciones entre los dos países y que, por tanto, perjudica a España y Argentina”, aseguró.

La oposición socialista cerró filas en torno al Ejecutivo y Repsol. Fuentes del PSOE han asegurado que éste “respaldará al Gobierno en las medidas que tenga que tomar en defensa de los intereses de las empresas españolas". Una fuerza política que se ha desmarcado de estas posiciones ha sido la coalición Izquierda Unida, calificando como “una vergüenza” que el Gobierno haya salido en defensa de Repsol y negando que la expropiación sea “un ataque a España”.

De la misma manera, la prensa española se dejó llevar por el fervor patrio. El diario El País, cercano al Partido Socialista, también considera la medida como un ataque y titula su portada del día 14 con un “España activa a la UE y EE.UU. para defenderse de Argentina”. Pero más contundentes se mostraron los medios de la derecha conservadora. Ayer, La Razón situaba en primera página “La guerra sucia de Kirchner” y el día 13, el diario ultraderechista La Gaceta, elevaba la afrenta hasta un “Kirchner nos quiere robar a los españoles”.

UN EPISODIO MÁS DE FERVOR PATRIO

Lo cierto es que, en los casi 4 meses de gobierno de Mariano Rajoy, los episodios de fervor patrio se suceden con cierta regularidad. Partiendo de las constantes llamadas al patriotismo cada vez que se anuncia una de las duras medidas de ajuste que, según asegura, se ve obligado a tomar el Ejecutivo español, por lo general acaba siendo la vecina Francia el objeto de las iras patrias.

En las últimas semanas, es un Nicolás Sarkozy en plena campaña electoral quien más afrentada ha hecho sentirse a la clase política española. Pero no por ser parte del núcleo duro que impone las rigurosas medidas de ajuste en toda la Unión Europea, sino por sus constantes alusiones a la grave situación de la economía española. Según el Presidente francés, ésta sería reproducida en Francia por un hipotético gobierno de su contrincante electoral Françoise Hollande.

Más sonrojante fue el episodio del mes de Febrero a cuenta de un programa de humor de Canal+ Francia. A raíz de la condena por dopaje del ciclista Alberto Contador, el programa satírico de los guiñoles ironizó sobre los éxitos del deporte español con un “no ganan por casualidad”. La desmesurada reacción del Gobierno y prensa españoles estuvieron a punto de causar un conflicto diplomático con un socio europeo, llegando a ejercer el Ejecutivo español una protesta formal ante el francés. Incluso el Ministro de Educación español, José Ignacio Wert, calificó lo sucedido como un “ataque xenófobo”.

Probablemente, muchos españoles extrañen la ausencia del mismo fervor patrio en otros aspectos de la vida política y económica del país. En estos días, a tenor de la polémica de YPF, un ciudadano español se lamentaba en su cuenta de Twitter: “yo también quiero que nuestro Gobierno defienda en Bruselas el Estado de Bienestar como defiende los intereses de Repsol en Argentina”.

domingo, 23 de octubre de 2011

Reflexiones a Bote Pronto: Elekciones en Argentina

    Hoy es día de elecciones en mi segunda patria, Argentina. No hay excesivas incógnitas en cuanto al resultado, ya que todas las encuestas apuntan a una victoria arrasadora de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que incluso convertiría en sorpresa la necesidad de recurrir a una segunda vuelta. Con una intención de voto que algunos llegan a situar hasta en el 55% del electorado y con un 16% que asignan a su más cercano perseguidor, el socialista y actual Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Hermes Binner, el resultado parece inamovible.

    Esta previsión acaba por demostrar la inusitada fuerza de la actual Presidenta, puesta muy en cuestión cuando hace menos de un año fallecía su marido, el ex Presidente Néstor Kirchner. La esperada implosión del justicialismo ante la pérdida de un líder que consiguió mantener cierto grado de unidad en el partido, aunque no sin más de una sonada espantada, no sólo no se produjo, sino que el nido de víboras malavenidas que es el Partido Justicialista tampoco consiguió acabar con la carrera política de la actual Presidenta. Así, se demostraba la fuerza de una corriente política que algunos teorizan como el peronismo del siglo XXI, el kirchnerismo, y de su nueva líder.

    La realidad es que los gobiernos kirchneristas, tanto el de Néstor como el de Cristina, quizá sean de los más encuadrables dentro del corpus teórico de esa rara avis argentina llamada peronismo de los que ha habido desde la desaparición del propio Perón. Sus gobiernos, como los de Perón, se revistieron de un aura antioligárquica más retórica que práctica. Así todo, durante el kirchnerismo se recuperó la política social y la presencia del Estado en la economía nacional, a la vez que se configuró una política exterior soberana que ha generado más de una tensión con las potencias centrales. Este es parte del haber del matrimonio Kirchner, pero junto a esto, y al igual que ocurrió durante los gobiernos de Juan Domingo Perón, la extensión de la intervención estatal no fue acompañada de los necesarios controles, generándose una profundización de las prácticas corruptas que ponen en peligro el éxito de estas políticas. El alto grado de corrupción política, policial y sindical, por citar sólo tres de sus más graves facetas, seguramente sea el gran problema pendiente de resolución. El gobierno que decida afrontar verdaderamente esta realidad, que supone un saqueo constante de las arcas públicas y, por tanto, de los bolsillos de la ciudadanía,  conseguirá devolver Argentina al lugar que se merece.

    La política exterior puede que sea el mayor éxito del kirchnerismo. Tras largos años plegados a los intereses de imperialismo yankee, Kirchner puso la vista en su entorno latinoamericano para, pensando en los intereses comunes de la región, impulsar una política de integración. Con la colaboración de los nuevos líderes de izquierda que han ido alcanzando el poder en Sudamérica en los últimos años, el proceso arruinó el acuerdo de libre comercio impulsado por Estados Unidos (ALCA) y hoy tiene su máxima expresión en la UNASUR.

    Como decía, hoy seguramente asistiremos a una victoria arrasadora de Cristina Fernández de Kirchner. Pero puestos a especular sobre un escenario más favorable, aunque sin caer en quimeras, quizás lo mejor que pueda pasar es que la actual Presidenta tenga que afrontar una segunda vuelta con un candidato de la izquierda, y este parece que sólo puede ser Hermes Binner. Un ballotage que cambie la acostumbrada crítica derechista y oligarca por una crítica social y latinoamericanista podría acabar por hacer girar decididamente hacia la izquierda la actual política gubernamental. En todo caso, los argentinos deciden.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La EnKrucijada Argentina

             Siguen pasando los años, sigo perdiendo los papeles (los escritos y los otros), y un día me encuentro residiendo en Buenos Aires. La causa no viene a cuento, pero la maravillosa experiencia de vivir en la patria del tango, de Maradona, de ese fenómeno político inescrutable que es el peronismo, del mate y de muchos y buenos amigos que allí dejé, es en parte la causa de que hoy esté creando este blog. Así ví la realidad argentina en Septiembre de 2009...


            El campo argentino vuelve a estar en pie de guerra. En estos días ha vuelto a parar, retoma la movilización, vuelve a plantearse el corte de rutas y sigue intentando poner al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner contra las cuerdas. Un espectador poco y/o mal informado llegaría a la conclusión de que el pequeño productor agrícola argentino está sufriendo una suerte de desgracias en la que se combinan sequía, crisis internacional y el furibundo ataque de un gobierno que pretender destruir el campo argentino. Sin duda este espectador lo sería de Canal 13 o canal America, que acompañaría de la edición diaria de Clarín… lo cual es, o viene a ser, lo mismo. Pero rascando mínimamente bajo esta ficción interesada vemos que nada más lejos de la realidad. La representación del pequeño agricultor dentro de la totalidad del campo argentino es tan pequeña que estadísticamente es intranscendente… repito estadísticamente. Incluso comparativamente en tamaño de explotación sería despreciable el tradicional latifundista andaluz. En todo caso, recientemente la presidenta ha anunciado la devolución completa de las retenciones para los pequeños y medianos productores de maíz y trigo. Pero los intereses que viene a defender la Sociedad Rural y su Mesa de Enlace con el gobierno no son precisamente los del pequeño agricultor. Pero veamos que es lo que está pasando realmente.

            En estos días se ha debatido la ley de delegación parlamentaria que concede los llamados superpoderes a la presidenta. Uno de ellos es la capacidad de fijar retenciones a la exportación. Curiosamente este poder lleva en manos del ejecutivo desde la dictadura y solo ahora la Sociedad Rural ha visto la “necesidad democrática” de que este poder vuelva a manos de parlamento. Dejando al margen consideraciones de calidad democrática, que en todo caso no es lo que realmente está planteando la Sociedad Rural ni sus aliados a cada cual más conservador, su único objetivo es rebajar estas retenciones para engordar sus ya de por si fofos bolsillos.

Para hacer una radiografía de la realidad basta con fijarse en un solo producto, la soja, que supone el 93% de las exportaciones agrícolas argentinas y que está sujeta a una retención del 35%. La soja da unos beneficios en torno a 400 dólares por hectárea y con las actuales retenciones rinde a 200 dólares, mientras que solo da trabajo a 2 personas por hectárea, 10 veces menos que la pequeña explotación familiar de producción tradicional. Eso si, la producción de soja requiere de una fuerte inversión inicial en la que participan grandes capitales foráneos, por donde también se cuela la conocida Monsanto y sus tristemente conocidas prácticas. En definitiva, estos señores, lejos de preocuparse por la calidad democrática argentina, no pretenden otra cosa que exprimir aún más las actual coyuntura favorable para la exportación de soja, tapizando si es necesario todo el campo argentino, seguir expulsando a los pequeños productores a los que hipócritamente dicen defender y poner argentina en manos de los capitales extranjeros a través de finiquitar su autonomía alimentaria. Tanto ha desplazado el cultivo de soja a otro tipo de usos como el ganadero, que es posible que en breve plazo argentina tenga que importar carne.

En la reciente exposición rural del barrio porteño de Palermo se escenificó la confluencia de esta llamada gauchocracia con los representantes de la oligarquía argentina, a través del presidenciable y actual Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, y su aliado, Francisco de Narváez, líder de la derecha peronista disidente y magnate de la comunicación. En el discurso de cierre de dicha exposición el jefe de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, anunció que ese era “el primer acto de la era post-kirchnerista” y se ofreció para “conducir la transición hasta 2011”.  Si unimos esto al hecho de que la llegada de las dictaduras argentinas coinciden con momentos en los que un gobierno intenta meter mano al poder de los magnates rurales, es fácil concluir que los ánimos de la gauchocracia siguen siendo los mismos.

Por si fuera poco, estos personajes, herederos de los que pusieron a este país al borde del abismo no hace tanto, cuentan con la propaganda gratuita y diaria del todopoderoso grupo Clarín, con varios diarios y revistas, televisión por cable y en abierto, radios y demás. Grupo que con razón siente amenazados sus intereses por la actualmente en debate ley de medios, que pretende poner coto al poder de los monopolios y democratizar el espectro, poniendo fin a la actual ley de la dictadura que puso la radiodifusión en manos de Clarín. Que la ley sea efectiva en este sentido es un debate abierto en la izquierda argentina, pero la necesidad de avanzar por este camino es algo que ni Clarín, ni los Macri, de Narváez y compañía están dispuestos.

Estas dos batallas que está enfrentado el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, junto con la batalla del fútbol, que en definitiva es la misma que contra Clarín como gran damnificado que es del fútbol en abierto a través del contrato con el Estado, han evidenciado una vitalidad que ha sorprendido a una oposición conservadora que contaba con manejar la agenda de aquí hasta las elecciones de 2011. Pero los Kirchner siguen pretendiendo abarcar todo el espectro político, siguen mirando tanto a izquierda como a derecha, impidiendo de hecho el poder crear una agenda profundamente transformadora. Como evidencia está la negociación abierta entre el Ministro de Economía, Amado Boudou, y el FMI, que probablemente llevará a la vuelta de Argentina al artículo 4 del FMI, permitiendo así optar a líneas de financiación a cambio de la evaluación de la economía argentina por el propio fondo. Boudou asegura que, a pesar de abrir vías de financiación, no se permitirá que el FMI condicione la política económica argentina. Pero la historia no le respalda.

Tras la derrota electoral en las legislativas parciales de Junio, Néstor Kirchner anunció la creación de un nuevo proyecto político que afronte las presidenciales de 2011 con un programa de transformación. Pero a día de hoy no hay noticias al respecto, salvo su posible candidatura presidencial. El problema es que con anterioridad eligió apoyarse en el aparato del Partido Justicialista bonaerense y no es muy confiable este nuevo proyecto ahora que el justicialismo lo considera amortizado políticamente. Tampoco ayuda un incremento patrimonial personal del 300% durante los mandatos Kirchner. Y la realidad de las elecciones de Junio arroja una derrota de Kirchner, pero no de la izquierda. De hecho la derecha ha perdido casi 13 puntos en la ciudad de Buenos Aires y el verdadero vencedor no ha sido otro que el Proyecto Sur de Pino Solanas, situándose como el segundo candidato más votado en la capital alcanzando el 24% de los sufragios, con un programa basado en revertir totalmente el proceso privatizador de los 90 y poner en manos públicas los recursos naturales argentinos. Cualquier proyecto de confluencia de la izquierda no sería entendible, ni serio, sin contar con la primera fuerza opositora a la izquierda de los Kirchner.

Kirchner tuvo su oportunidad para situarse al frente de un verdadero proyecto de transformación. Sin duda ha habido aspectos positivos: aumento constante del salario mínimo, nacionalización de aerolíneas argentinas y de las AFJP (sistema de pensiones), independencia en política exterior, cierta política de redistribución, etc… Pero el no querer, no saber o no poder desprenderse de las ataduras del peronismo y del partido justicialista, así como un intento inicial de aliarse con el grupo Clarín,  lo han llevado a zigzaguear por el espectro político, lo que no es suficiente para hablar de un verdadero cambio en la Argentina. No olvidemos que en ningún momento se ha planteado remover, ni de una manera mínimamente gradual, las estructuras económicas y políticas que sostienen el capitalismo argentino. Si a esto le sumamos los desmedidos y difícilmente explicables incrementos patrimoniales, el resultado es la invalidez personal para ponerse al frente de un proyecto unitario realmente transformador. A pesar de todo, a día de hoy aún cuenta con una gran base social que no hay que despreciar. Hacia dónde la dirija puede ser un acto que valga una calificación histórica.