miércoles, 2 de febrero de 2011

Brasil, Rusia, India y China Ganan Peso en el FMI

El grupo de potencias emergentes denominado BRIC aumenta su influencia en el Fondo Monetario Internacional (FMI) a costa de las naciones que han sido hegemónicas desde la II Guerra Mundial. El extraordinario avance de sus economías en una época de crisis global, configura un escenario internacional cambiante que podría trastocar radicalmente las relaciones políticas y comerciales que conocíamos hasta la fecha.



El mundo está cambiando y las instituciones internacionales comienzan a reflejar las nuevas realidades que se están constituyendo. En un momento en el que la crisis económica sigue azotando a los países centrales del capitalismo del siglo XX, nuevas potencias emergen manteniendo altas tasas de crecimiento económico y reclamando su lugar en el escenario internacional.

Hace tiempo que se demanda la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU para dar cabida a estas nuevas potencias emergentes, pero entretanto se llega a ese punto el FMI comienza a mutar sus estructuras. La sanción final a su reforma se dará, con toda seguridad, en la cumbre de líderes del G-20 que se desarrollará en Corea del Sur el 11 y 12 de Noviembre.

Durante la reunión preparatoria de la cumbre celebrada a finales de Octubre en la ciudad de Gyeongju, también en Corea del Sur, los ministros de finanzas del G-20 avanzaron muy significativamente en la nueva distribución de poder en el seno del Directorio de FMI. En él las potencias emergentes denominadas BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pasan a tener más voz y más voto a costa fundamentalmente de las potencias europeas.

Los estados europeos cederán hasta un 6% de su influencia y 2 asientos a las naciones emergentes. Así todo, EE.UU. seguirá en primer plano con un 17% y Japón en  segundo lugar con un 6%, pero a partir de este acuerdo China se situaría en tercer lugar superando a Alemania, Francia y Gran Bretaña. India avanzaría 3 lugares hasta el octavo puesto y  Rusia y Brasil entrarían en el “top ten” del FMI.

Sobre el acuerdo, el Director Gerente del FMI, Domique Strauss-Kahn, declaró que se trataba de un acuerdo “histórico” y que confía en “reflejar la realidad de la economía global y poner fin al debate sobre su legitimidad”.

LOS PAISES BRIC

Los datos de la economía China no dejan de sorprender especialmente en un momento en que el capitalismo occidental atraviesa una de las mayores crisis de su historia. En el peor momento del año la tasa de crecimiento interanual del Producto Interior Bruto (PIB) chino ha sido de un 9.6% en el tercer trimestre, frente a un 10.3% en el segundo y a un 11.9% en el primero. El comercio exterior del país asiático durante los 9 primeros meses de 2010 creció un 37.9%, con un superávit comercial superior a los 120 mil millones de dólares.

Los nuevos objetivos de la dirigencia china, como así se ha puesto de manifiesto en el plan quinquenal para 2011-2015 aprobado en el plenario anual del Comité Central de Partido Comunista de China, es incrementar el consumo interno elevando así el nivel de vida de la población del gigante asiático. Así todo, antes de entrar en vigor este plan, ya durante los primeros 9 meses de 2010 las ventas al por menor crecieron un 18.3%. De lograr los objetivos marcados, el fuerte impulso que tendría la demanda interna supondría la activación de un nuevo e inmenso motor en la economía china.

Sorprendente es también que todo este aceleradísimo crecimiento se haga con una tasa de inflación relativamente baja para tan fuerte desarrollo económico, en torno a un 3.5%.

Al gigante asiático se le unen otras 3 potencias emergentes con las que, a pesar de sus grandes diferencias, comparte intereses comunes en el ámbito internacional, a nivel tanto político como económico. El Brasil de Lula se ha convertido en un actor global con un nuevo entender de las relaciones internacionales, trazando nuevas alianzas políticas y comerciales para disgusto de los países centrales. Junto a esto, o precisamente por esto, ha conseguido mantener altas tasas de crecimiento que se calcula que para finales de 2010 se sitúe en torno al 8% del PIB. Los planes sociales que han reducido significativamente la pobreza también han estimulado la demanda interna, ayudando al desarrollo económico brasileño.

India también continúa imparable con un crecimiento de cerca del 9% y con un mercado interno enorme que comienza a despertar al consumo. Más calmada se muestra la economía de Rusia que arroja datos de crecimiento en torno al 3-4% pero que sigue conservando un significativo poder industrial y como exportador de materias primas e hidrocarburos y una influencia política en el este europeo que lo mantiene en el grupo de cabeza de la política internacional.

Con respecto a estos países son significativas las declaraciones de Dominique Strauss-Kahn advirtiendo sobre el peligro de un supuesto surgimiento de una nueva forma de colonialismo por parte de las potencias emergentes. Más bien parecen fruto del temor a los nuevos tiempos que a una realidad palpable, ya que la relaciones comerciales, tanto chinas como brasileñas, con los países africanos parecen darse en condiciones más justas a como se dieron en el pasado con las antiguas potencias centrales. Así todo, el debate sobre el posible surgimiento de nuevas formas de colonialismo económico esta servido.

EL RETROCESO DE EUROPA

Una de las cuestiones más llamativas que evidencia este nuevo reparto de poder en el FMI es el languidecer de la influencia económica y sobre todo política de la Unión Europea (UE). La crisis económica se ceba en el viejo continente como en ninguna otra parte del mundo y parece que las medidas adoptadas no acaban de reactivar las economías nacionales, arrojando un crecimiento de apenas el 2% en el tercer trimestre interanual y manteniendo altas tasas de desempleo.

Al contrario de los rumbos adoptados por las potencias emergentes, las políticas anticrisis europeas parecen reincidir en las causas que la generaron. Por si esto fuera poco crecen las voces que proponen el abandono del euro y la reasunción de las antiguas monedas nacionales, junto con los que señalan a las instituciones europeas como instrumentos ineficientes en los momentos de crisis.

Ciertamente, desde hace tiempo la UE viene adoleciendo de incapacidad para ser un actor político relevante en el ámbito internacional. Los intentos comunitarios por desarrollar lo que se llamó Política Exterior y de Seguridad Común, con un responsable que vendría a desarrollar las funciones de ministro de exteriores europeo (conocido como Mr. PESC) fueron prácticamente sepultados por el disenso interno en torno a la segunda guerra de Irak. Con este panorama no es de extrañar la pérdida de influencia europea en las instituciones internacionales.

EE.UU. Y JAPÓN

Las hasta hace poco dos primeras potencias económicas (China desplazó a Japón del segundo puesto en Agosto de este año) no presentan una imagen mucho mejor a la de los países europeos. La economía estadounidense crece a un lento 2% y la japonesa apenas supera el 1%. Una lenta recuperación no exenta de nuevos zarandeos en esta época de inestabilidad financiera.

Así todo, ambas potencias consiguen mantenerse como las más poderosas en el ámbito del FMI. Esto a pesar de que a la crisis financiera no superada hay que sumar los continuos reveses que la política exterior estadounidense ha cosechado a lo ancho y largo del planeta. Las falsas pruebas que llevaron a la invasión de Irak, la conclusión en falso de la guerra, el quebranto de los derechos humanos y la prisión de Guantánamo, por un lado. Por otro, la pérdida del control sobre su “patio trasero” latinoamericano,  con implicaciones en golpes de Estado tanto exitosos como fracasados, el rechazo del ALCA y el surgimiento del ALBA, han dejado en entredicho la capacidad de liderazgo ejercido por tan largo tiempo por los EE.UU. Y por extensión, un aliado tan estrecho como es Japón tampoco sale beneficiado de este accionar en el campo internacional.

LA GUERRA DE DIVISAS

En la cumbre de Noviembre quedaría por profundizar en el acuerdo alrededor de la amenaza de guerra cambiaria y las devaluaciones competitivas ejercidas por China, a las que EE.UU. pretende poner coto para mejorar su posición comercial internacional, evitando a su vez posibles tendencias proteccionistas. De momento al respecto se ha alcanzado una declaración genérica de rechazo de las devaluaciones competitivas de divisas pero sin más concreción.

La polémica suscitada entre China y EE.UU. a raíz del mantenimiento de un yuan artificialmente bajo por parte de las autoridades chinas, con el fin de atraer capitales y consolidarse como primera potencia exportadora, puede comenzar a superarse con el diseño de un “sistema de tipos de cambio determinados por el mercado”. EE.UU. incluso propuso poner un máximo del 4% del PIB en el desequilibrio de la balanza comercial, pero se rechazó fuertemente el poner topes numéricos.

La disputa se ha agravado con el anuncio de la Reserva Federal de inyectar 600.000 millones de dólares para devaluar el indirectamente la divisa estadounidense y así incrementar la competitividad de su economía. Una medida más polémica aún  que las políticas monetarias implementadas por Beijing.

En conclusión, y al margen de la guerra de divisas, podríamos estar asistiendo a la oficialización del nacimiento de un nuevo orden mundial, dónde el centro de gravedad giraría hacia oriente con la irrupción del gigante chino y junto con el cual emergerían nuevas potencias en países considerados hasta hace bien poco tercermundistas. El declive de las viejas potencias podría por fin dar paso a un mundo multipolar que no apareció tras el derrumbe del campo socialista como se había anunciado. Las tensiones que sin duda esto traerá podrán ser superadas, no sin peligros, en función de la capacidad de unos y otros para asimilar sus respectivas victorias o derrotas.

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