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lunes, 21 de enero de 2013

Reflexiones a Bote Pronto: El Derrumbe Constitucional

El andamiaje político construido en la transición hace aguas por todas partes. Tanto que se antoja incorregible y la única solución parece que pasa por su recambio. Fundamentalmente, porque la descomposición afecta a los tres poderes del Estado, convirtiendo en mero ilusionismo la posibilidad de que uno de ellos tome las riendas para una regeneración de la vida política del país.

 En concreto, ¿podemos esperar algo del legislativo? Las noticias de los últimos días nos responden con un rotundo no. Y no porque el conjunto de los miembros de las cámaras en las que reside este poder sean corruptos. No dudo que habrá señorías de ética intachable. Pero no hay más que leer las portadas de la prensa de cualquier edición para observar cómo la corrupción se ha instalado en los dos grandes partidos, invalidando con ello toda capacidad de reacción legislativa. A tal punto llega la parálisis de este poder que ni siquiera es capaz de reaccionar, más allá de la pura estética, ante los crecientes casos de suicidio por desahucio. 

 Entonces, ¿será el poder judicial una garantía? Inequívocamente no. Cuando el máximo responsable de la pléyade de corruptos valencianos sale indemne mientras el juez encargado de investigar la trama es apartado de la profesión, la poca confianza en la justicia española ya debería haberse esfumado. Pero, por si esto fuera poco, asistimos a cada vez más escandalosos casos. Vemos como lo pobres acaban con sus huesos en la cárcel por adquirir productos de primera necesidad con una tarjeta de crédito encontrada en la calle o como un extoxicómano es privado de libertad, poniendo en peligro su ya certificada reinserción, por traficar con menos de medio gramo de heroína años atrás. Mientras tanto, los poderes del Estado miran hacia otro lado, en concreto hacia la figura del Rey, a quien pretenden salvaguardar de cualquier implicación en el caso Urdangarin. Y como guinda de un amargo pastel judicial, la prerrogativa del indulto aparece únicamente para favorecer a corruptos de ambos partidos, torturadores y condenados a sueldo del poder. 

 Y, ¿qué hay del ejecutivo? Sirviendo a potencias extranjeras. La abierta traición a los intereses del país se consagró constitucionalmente con la última reforma de 2011, si bien la actitud servil ante la banca alemana y su potentada Ángela Merkel ya viene de largo. Por tanto, la soberanía nacional en materia económica se ha malvendido a intereses extranjeros mediante actos continuados en los que han colaborado los dos grandes partidos. Y en lo que a su limitada capacidad de obrar se refiere, todos y cada uno de sus actos están inspirados y dirigidos a la destrucción de lo público en favor de una parasitaria oligarquía que, legal o ilegalmente, está inmersa en un frenesí de saqueo de bienes públicos y derechos sociales y laborales. 

 Ante este panorama, cabe poco menos que certificar el fin de un modelo que, aunque a muchos nos pareciera tremendamente deficitario, contó con altos niveles de consenso entre la ciudadanía. Pero hoy, en una situación de crisis económica sin precedentes en la que ninguno de los poderes del Estado es capaz de dar una respuesta mínimamente razonable a las necesidades del país, la arquitectura política de 1978 parece totalmente amortizada dados los crecientes niveles de insatisfacción. 

 Lo más triste de la situación es que ni siquiera se puede asegurar que la certificada inviabilidad institucional sea positiva. No puedo más que recordar la Italia de la tangentopolis y sus consecuencias: el asalto del poder por parte de Berlusconi aupado a hombros de neofascistas. ¿Es ese nuestro futuro? Es posible. 

 Me lo hacen temer determinados proyectos políticos que, poco a poco, van ganando su espacio electoral sin ofrecer absolutamente nada nuevo más allá de una mayor profundización neoliberal envuelta en un rancio discurso españolista. Pero me lo hace temer aún más la realidad de la izquierda alternativa, que debería estar planteando un proyecto de transformación radical y, sin embargo, se muestra incapaz. Unos, debatiéndose entre dar aire al PSOE o dar un paso definitivo al frente. Otros, rindiendo culto a la espontaneidad y convirtiendo un supuesto ejercicio de “democracia pura” en un acto de desprecio y marginación a 150 años de experiencia política de la izquierda. Y algunos más, perdidos en disquisiciones ideológicas en busca de una puridad absoluta, asemejándose así a un futuro turista espacial que perdió el billete de vuelta de sus vacaciones por los anillos de Saturno. 

 Así las cosas, la Constitución de 1978 es papel mojado y la institucionalidad que parió se derrumba ante nuestros ojos pero, ¿el futuro inmediato nos depara algo mejor?

domingo, 2 de octubre de 2011

Reflexiones a Bote Pronto: Terrorismo Mediático en la Derecha Española

    Nunca hemos estado tan cerca del final de ETA como hoy y es más que probable que mañana estemos aún más próximos. Los acontecimientos de esta semana se han sucedido de manera vertiginosa, más rápido de lo que las predicciones más optimistas pudieran haber esperado, incluidas las de un servidor. Primero fue el anuncio de incorporación al Acuerdo de Gernika por parte del colectivo de presos de ETA (EPPK), paso que considero definitivo en tanto en cuanto supone al menos el 80% de la actual militancia de la organización armada. Después se sucedieron la constitución de la Comisión Internacional de Verificación, la disolución del aparato político de ETA (Ekin) y el anuncio, mediante comunicado de la banda armada, de su disposición a colaborar con la Comisión de Verificación. Asimismo, el Lehendakari Patxi López verbalizó los pasos que el gobierno podría estar dispuesto a dar. Digo verbalizar porque, a pesar de la constante negación de la negociación por parte del Estado, estoy plenamente convencido de que esta existe y me felicito por ello.

    Pero es evidente que el proceso, a pesar de considerarlo irreversible, va a tener que superar momentos complicados. Ya llevamos muchos meses viendo a uno de los sectores interesados en su descarrilamiento haciendo campaña constante. Y cuanto más avanza el proceso, cuanto más cerca de la solución se está, más ferozmente la maquinaria propagandista de la derecha y la ultraderecha vierten sus manipulaciones habituales, cuando no sus descaradas mentiras, en uno de los ejercicios de intoxicación más viles y con intereses más abyectos que se recuerdan desde el final de la dictadura. Así hoy, dándose un paseo por la prensa de la derecha, vemos titulares del siguiente tipo:

    El Mundo: “ETA vende su comisión de verificación y la caducidad de Ekin como concesiones”.

    La Razón: “ETA responde a Patxi López y exige verificar la tregua a su medida”.

    ABC: “ETA ofrece la disolución de Ekin para dar una baza electoral al PSOE”.

    La Gaceta: “Las víctimas revelarán en un informe las vinculaciones de Bildu con el mundo de ETA”.

    Si nos retrotraemos años atrás y analizamos la historia de ETA y de la derecha más ultra española, la sorpresa se reduce a la vez que crece la indignación personal. Lo cierto es que la estrategia terrorista de ETA ha servido durante décadas a los intereses políticos de la derecha conservadora española y hoy esta está a punto de perder un histórico aliado a la hora de alcanzar o apuntalar su poder político. Una vez más, la miseria moral de la derecha española se pone de manifiesto. Al igual que en su día nos llevó a 3 años de guerra y 40 de dictadura, ahora se alía con los sectores más duros de ETA para mantener la muy moderna guerra contra el terror en versión casera, que es mucho más efectiva a la hora de amedrentar a los votantes que las lejanas invasiones bajo mando yankee. Por suerte, confío en que esta vez no se saldrán con la suya.